Durante mucho tiempo viví como si tuviera un contrato con el futuro.
Daba por hecho que más adelante habría tiempo para descansar, disfrutar y hacer espacio para lo que de verdad me importaba. Hacía planes con la tranquilidad de pensar que ese tiempo iba a estar ahí y que podía ocuparme de ciertas cosas después.
Cuando me diagnosticaron cáncer de mama, mi relación con esa certeza cambió. Muchas cosas que antes sentía estables empezaron a llenarse de preguntas y entendí, de una forma mucho más real, que el futuro no estaba prometido.
Hoy sigo haciendo planes. Me gusta pensar en lo que quiero vivir y construir, pero ya no necesito sentir que todo está asegurado para poder estar presente en mi vida de hoy.
Cuando no sabes qué va a pasar, recuperar claridad se vuelve importante.
Quieres entender qué viene, tomar buenas decisiones y sentir nuevamente un poco de piso. Esa búsqueda de certeza tiene sentido cuando necesitas información para decidir, pero empieza a pesarte cuando tu vida entera queda esperando junto con esa respuesta.
Entonces ya no solo esperas un resultado. También empiezas a posponer el descanso, los planes o cosas que todavía podrías disfrutar. Y mientras esperas sentirte segur@ otra vez, los días siguen pasando.
¿Qué parte de tu vida necesita esperar cuando vives con incertidumbre?
Durante el cáncer, algunas decisiones sí necesitaban esperar. Tenía que hacer preguntas, escuchar a mis médicos y recibir información antes de saber cuál era el siguiente paso.
Esa espera tenía una razón concreta, pero no todo lo demás dependía de ella. Podía estar esperando un resultado médico y sentarme a comer con mis hijos porque esa respuesta, aunque fuera importante, no decidía cada momento de mi día.
Empecé a observar con más atención qué necesitaba realmente una respuesta y qué había puesto en pausa porque yo todavía no me sentía segura.
Cuando preocuparte se siente como estar haciendo tu parte
Cuando algo me importaba muchísimo y todavía no tenía respuestas, mi mente intentaba encontrarlas de todas formas. Repasaba escenarios, pensaba en lo que podía pasar y buscaba señales que me ayudaran a sentir que estaba un poco más preparada.
Durante mi tratamiento también existían acciones concretas que sí me correspondían. Ir a mis citas, hacer preguntas y tomar decisiones era parte de cuidarme. Después llegaba la espera, y mi cabeza podía continuar trabajando como si pensar más fuera a cambiar el tiempo de la respuesta.
Preocuparme todo el día no iba a darme las respuestas más rápido.
Los viernes, por ejemplo, cocinaba pan con mis amigas. Las preguntas seguían abiertas, pero durante ese rato mi atención estaba en otra parte.
La paz puede aparecer antes de tener todas las respuestas
Yo tuve momentos de paz durante el cáncer cuando todavía no sabía cómo iba a terminar mi historia.
Hasta entonces había relacionado mucho la tranquilidad con saber qué iba a pasar. Durante el cáncer, algunas respuestas tardaban días o semanas y yo no podía hacer nada para acelerarlas.
Hubo momentos en los que hacía lo que me correspondía ese día y después podía estar presente con mis hijos, compartir con mi familia o agradecerle a Dios por lo que tenía frente a mí.
Si hubiera esperado a saber que iba a estar bien para permitirme sentir paz, me habría perdido momentos muy valiosos dentro de una etapa profundamente difícil.
Eso no significa que estuviera tranquila todo el tiempo. Sentía miedo, me cansaba y atravesaba días difíciles. La paz aparecía por momentos, mientras muchas preguntas seguían abiertas.
¿Cómo puedo disfrutar si no sé qué va a pasar en el futuro?
Disfrutar puede sentirse extraño cuando estás esperando una respuesta importante. Pasas un buen rato y después recuerdas lo que sigue pendiente, como si estar tranquil@ durante unas horas significara que bajaste la guardia demasiado pronto.
También puedes intentar prepararte para la peor posibilidad pensando que, si ocurre, estarás menos expuest@ al dolor.
A mí me ayudó reconocer que anticiparlo no iba a protegerme de sentirlo si llegaba. Podía terminar viviendo durante días dentro de un futuro que todavía no había ocurrido.
Un buen momento no cambia la importancia de lo que estás atravesando. Tampoco necesitas demostrar cuánto te importa algo permaneciendo preocupad@ todo el tiempo.
Volver a hacer planes sin pedirles que sean promesas
Después del diagnóstico extrañé la tranquilidad con la que antes podía imaginar el futuro. Hacer un plan ya no se sentía igual cuando había vivido tan de cerca la posibilidad de que la vida cambiara de dirección.
Decirme que la certeza nunca había existido no me habría ayudado. Intelectualmente podía entenderlo, pero necesitaba reconocer que había perdido una forma de relacionarme con el futuro que hasta entonces me había dado seguridad.
Volví a hacer planes entendiendo que son planes, no garantías.
Puedo emocionarme con algo que quiero, moverme hacia ahí y prestar atención a la vida que ya está ocurriendo.
¿Qué puedes hacer mientras esperas una respuesta?
Cuando una respuesta pendiente empieza a decidir demasiado sobre tu presente, pregúntate:
¿Qué parte de mi vida necesita realmente esperar esta respuesta?
Mira qué decisiones dependen de esa información y qué cosas quedaron detenidas aunque todavía podrían formar parte de tu vida.
Después puedes preguntarte:
Mientras llega esa respuesta, ¿qué sí puedo permitirme hoy?
Puede ser descansar, hablar con alguien o permitirte un día difícil sin intentar resolver cómo vas a sentirte mañana.
La respuesta no tiene que ser extraordinaria.
Vivir mientras todavía no sabes
Si hace algunos años hubiera podido conocer mi futuro completo, no creo que hubiera querido verlo. Si hubiera sabido todo lo que iba a pasar y cómo iba a terminar, probablemente habría querido llegar directamente al final.
Precisamente porque no tenía el guion en la mano descubrí que podía sentir miedo y aun así dar el siguiente paso.
Para mí, la valentía tuvo mucho que ver con vivir mientras todavía no sabía cómo iba a terminar la historia.
Hoy hago planes y me emociono con cosas que quiero para mi futuro, pero intento no dejar mi vida suspendida hasta que lleguen. También quiero estar presente en la vida que está ocurriendo mientras voy hacia ellas.
Cuando una respuesta pendiente empiece a ocupar demasiado espacio, vuelve a preguntarte:
Mientras llega esa respuesta, ¿qué sí puedo permitirme hoy?
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