June 22, 2023

Encontrando paz luego de dos situaciones retadoras

“Las brújulas no funcionan en sótanos oscuros”. Alejandra nos comparte su historia y la fórmula que la ayudó a transitar dos situaciones muy difíciles encontrando el rumbo de su vida.
Escrito por:  
Alejandra
Soy Alejandra, venezolana viviendo en Carolina del Norte desde hace 12 años. Y esta es mi historia en la búsqueda de paz mental.

Antes, todo se sentía como si me hubiese encerrado en una burbuja donde no me permitía ser ayudada. Ni llorar, ni contar, nada. Una burbuja que se llamaba vergüenza y culpa.

Sentía culpa dañina en todo lo que hacía: no era la mamá perfecta, todo lo hacía a medias y vivía en modo automático y reactiva; todo me lo tomaba personal, todo me molestaba, sentía que la gente al hablarme estaba acusándome o invalidándome.

Y es que recibir el diagnóstico de autismo de mi hijo en el 2016 a sus solo 18 meses de nacido fue comenzar a navegar en el océano sin brújula. Choqué directo con el duelo y, en lugar de sentirlo y transitarlo, me dediqué 100% a él: a sus terapias, su dieta, su rutina, sus formas, sus médicos, sus necesidades. ¿Y yo? Quedé de última en la lista de prioridades.

Sentía que vivía en un cuarto oscuro sin ventanas ni puertas, tal cual un sótano. No tenía ni idea de cómo gestionar mis emociones, había días en los que estaba bien, otros solo lloraba y otros las discusiones estaban a la orden del día.

Todo empezó a cambiar cuando en una de las tantas conversaciones con mi esposo, en las que usualmente yo me desahogaba, él me pausó y me dijo: “Estoy aquí para apoyarte y ayudarte, y al mismo tiempo, eres tú quien tiene que tomar la decisión de lo que quieres hacer. La solución está en tus manos, las respuestas están en ti”. Eso se me quedó grabado y lo repetía como mantra: “La solución está en mí”.

A partir de ahí, mi vida comenzó a tomar forma y comencé a priorizarme. Contraté un entrenador y corrí cuatro medias-maratones. ¿Las emociones? Ahí estaban junto al orgullo de lo que había logrado.

Hasta que quedé embarazada nuevamente y junto a esa noticia llegó otra no tan bonita. El bebé venía con problemas y tuvimos que realizarnos muchos exámenes para, luego, tomar la decisión más difícil de nuestras vidas: poner término al embarazo.

Todo se me vino abajo. Todo lo que había logrado se desapareció por arte de magia. Se me mezcló el duelo del autismo de mi primer hijo junto con el duelo de mi segunda bebé, como si me metieran en una batidora sin el botón de stop.

Bloqueé todo tipo de emociones, me creé un caparazón. Volví al modo automático, reactiva, agresiva, contestaba con y sin razón, cero paciencia, lloraba sola. De hecho, me inscribí a otro medio maratón para distraerme y cada vez que iba a correr lo hacía llorando.

Ahí empezó mi búsqueda. Primero empecé creando una meta: meditar. Fui descubriendo que la mente es una máquina de pensamientos. En ese momento comencé a escuchar el podcast de Erika De la Vega y conocí a Stephanie. Y cuando empezó a hablar de su curso, enseguida resonó con lo que estaba buscando: paz mental.

En el año 2021 tomé cuatro decisiones fundamentales: hacer el curso Más Paz Mental, renunciar a mi trabajo, hacer terapia y tener una maestra de meditación. Fue la fórmula que me permitió ver la luz en este oscuro sótano y recibir una explosición de amor y validación que tanto necesitaba.

Mi proceso ha sido duro y a la vez mágico gracias a lo que he ido aprendiendo con las meditaciones de cada módulo y en las conversaciones que hemos tenido con la comunidad de Más Paz Mental y Más Paz Mental 2.

En los cursos aprendí mucho más que tres cosas, así que aquí van:

  • Ponerme de primera en mi lista de prioridades, porque si no estoy bien yo, no puedo dar a los demás.
  • Vivir el momento presente sintiendo las emociones en mi cuerpo para luego soltarlas, dejándolas ir porque todo pasa.
  • Ser compasiva conmigo y, al mismo tiempo, no tomarme las cosas personales ya que cada uno de nosotros tiene su propia historia y de ahí vienen nuestras propias opiniones.
  • Abrirme a la curiosidad y expresar las expectativas que tenga porque la gente no puede adivinarlas.
  • Tomarme pausas para escribir lo que siento y luego crear un mensaje asertivo.
  • Permitirme sentirme triste, llorar y, al mismo tiempo, estar contenta. El uso del pensamiento dialéctico les permite a los diferentes colores convivir.
  • Ser proactiva y tomar acción hacia lo que quiero.
  • Pedir lo que necesito, buscar ayuda y ser estratégica para explicar mis razones creando tribu para estar acompañada en momentos difíciles.

Me agradezco por haber hecho tiempo para hacer los cursos porque me han dado la llave para salir de ese sótano en el que estaba, con una nueva perspectiva de mi realidad en la que la paz mental es mi prioridad.

Hoy, gracias al trabajo que he realizado y lo que he aprendido desde que empecé Más Paz Mental y Más Paz Mental 2, puedo perdonarme y abrazarme. Ahora sé que todo lo que hice en ese momento estuvo bien y era lo que tenía que pasar. Puedo aceptarlo radicalmente porque la Alejandra de ese momento no tenía las herramientas ni la consciencia que tiene ahora.

La Alejandra de hoy se dio el mejor regalo gracias a su proceso sanador: sacarme de mi miedo y crear mi cuenta @espacioparapadres. En ella comparto mi experiencia como mamá con diabetes tipo 1 y con un hijo con autismo. Ahora en comunidad creamos consciencia para que, como padres, trabajemos en nosotros y aceptemos radicalmente nuestra crianza neurodiversa.

Ahora sí salí de ese cuarto oscuro sin ventanas y puedo ver claramente la brújula en mi vida.

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Estas historias son de las cosas más valiosas que tengo. Espero que hayas aprendido mucho de Alejandra y su experiencia.

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